Emisión de la Radiodifusión Checa para el Exterior 
19-10-2019, 23:03 UTC
Navidad checa
 

Belenes checos

Los belenes navideños tienen su remoto origen en la adoración de la gruta en que habría nacido Jesucristo. La descripción de dicha gruta, retomada de los peregrinos que habían regresado de la Tierra Santa, la registró en el siglo tercero el pensador Origenes, de Alejandría. Guiándose por esta descripción, fue construida en el siglo séptimo, en la basílica romana, llamada posteriormente Santa María ad praesepe, una réplica de la gruta de Belén. La mayoría de los creyentes no podían realizar una peregrinación a Palestina y los dignatarios eclesiásticos querían acercar el lugar sagrado al mayor número posible de fieles.

La costumbre de exhibir belenes en las iglesias durante las fiestas de Navidad fue introducida por vez primera en el siglo XIII. por Francisco de Asís. En Europa Central, el primer belén fue exhibido en 1560, en la iglesia de San Clemente, en la Ciudad Vieja de Praga. En las crónicas de aquel entonces, el belén fue descrito como algo inédito, pero la novedad se propagó rápidamente a otras iglesias tanto de la capital como de provincia, y en cada región los nacimientos adquirieron características peculiares.

¿Y a qué se debe el hecho de que los belenes empezaran a instalarse en los hogares checos, incluso los más modestos? Ello se debe a las reformas promovidas por el emperador José II, en la segunda mitad del siglo XVIII., que declararon la exhibición de belenes como un hábito indigno y decretaron su prohibición. Muchos de los dignatarios eclesiásticos acogieron bien la prohibición, ya que no les agradaba que los fieles se distrajeran, prestando en las iglesias más atención a las figuritas de los belenes que a los oficios divinos.

Desterrados de las iglesias, los belenes empezaron a vivir su Edad de Oro en los hogares checos. Para muchos artesanos citadinos y para los habitantes del campo avezados en todo tipo de oficios, la talla de piezas para belenes y el arte de crear paisajes fantásticos con rocas y palacios se convirtieron en el hobby de toda su vida. Hoy en día los belenes populares forman parte de varios museos checos donde el visitante puede convencerse de que se trata de auténticas obras de arte.

El belén de Trebechovice

El belén checo más famoso es el de Trebechovice, en Bohemia Oriental. Sus autores - el tallista Josef Kapucián y el labrador y ebanista Josef Probost- trabajaron en el primoroso belén de Trebechovice durante 40 años. El belén tiene 120 figuritas que se mueven, 200 son fijas. El nacimiento de Trebechovice se compone en total de dos mil piezas talladas en madera. Sus dimensiones son muy imponentes: siete metros de largo por tres de ancho, y su altura es de dos metros.

Los artistas populares lograron tallar con extraordinario realismo las figuritas del belén de Trebechovice cuyas fisonomías, vestuario y actividades reflejan fielmente las de los habitantes de la región que se extiende al pie de los montes Orlické: mineros extraen el carbón, un herrero martillea una pieza sobre el yunque, una viejita conduce al pasto una cabra, zapateros remiendan el calzado, un barrillero da vuelta a un barril y con la cabeza inclinada golpea los aros.

Tras la muerte de sus creadores, el belén de Trebechovice acabó abandonado en un pajar hasta ser rescatado por el director de la escuela local y por otros entusiastas que se encargaron de su reparación. Así, en 1935, el belén de Trebechovice pudo ser expuesto en Praga, Brno, Bratislava y otras ciudades del país.

En 1967 la preciosa obra fue presentada en la exposición mundial de Montreal, y posteriormente en Holanda y en Londres. En el Museo de Belenes de Trebechovice están expuestos otros 50 nacimientos, entre los cuales destacan un nacimiento de cristal checo, un nacimiento de piezas recortadas de papel y el llamado belén de los oficios desaparecidos.

El belén de Jindrichuv Hradec

Otro de los espléndidos belenes checos está instalado en el Museo distrital de Jindrichuv Hradec, en Bohemia del Sur. Tomás Krýza, que se ganaba la vida confeccionando medias, trabajó en su maravilloso belén durante sesenta años. Su obra maestra es considerada como el belén mecánico de origen popular más grande del mundo. El nacimiento de Krýza cuenta con más de 1 500 figuritas, 150 de las cuales se mueven.

Krýza talló los torsos de las figuritas en madera, las cabecitas policromadas están modeladas de una masa plástica, el vestuario está confeccionado de tejidos impregnados. El paisaje es de papel pintado, espolvoreado con galena triturada. Los árboles y arbustos están confeccionados de ramitos, madera, hilo metálico y papel.

Tomás Krýza estaba empeñado en reflejar la vida de sus conciudadanos y el paisaje en que vivía. En su belén, los carpinteros y los albañiles trabajan en una obra, los herreros forjan el metal, un herrador hierra un caballo, un tejador repara un tejado, los mineros extraen mineral, una anciana saca agua de un pozo, los campesinos trillan el trigo.

En el belén confeccionado por Tomás Krýza en el siglo pasado, el visitante puede admirar asimismo figuritas que representan a pastores, burgueses, soldados, aguaderas, deshollinadores y floristas. Krýza instaló en el belén incluso un aserradero, una forja, establos, pajares y otras dependencias. Tomás Krýza puso un extraordinario esmero en la elaboración de cada detalle, y al mismo tiempo todo el conjunto es una prueba de la admirable fantasía e inventiva de su creador.

El belén de Trest

En la localidad de Trest, en la Meseta Checomorava, los artífices del pasado han encontrado continuadores entusiastas de la tradición. Las dimensiones de los belenes de Trest son respetables ya que suelen tener desde cuatro hasta seis metros de longitud. Un belén así no cabe en una habitación corriente de manera que algunos vecinos de Trest construyeron junto a sus casas una dependencia especial para albergar el belén.

Frecuentemente se trata de un belén que es propiedad de una determinada familia durante varias generaciones, pero sus actuales propietarios consideran como su deber añadir cada año algo nuevo. Durante el verano, los vecinos de Trest recorren los bosques en busca de tocones de interesante configuración. En casa los dejan secar y después los pintan de gris. Una vez incorporados al paisaje de belén, da la impresión de tratarse de vetustas rocas cubiertas de musgo.

En el pueblo de Trest instalan el belén sobre una amplia plataforma de madera en la que colocan los tocones que representan las rocas. En el fondo colocan el panorama de un paisaje de montaña. Una estructura de estacas cubierta de papel se tiende desde el horizonte hasta la base del belén. El papel se cubre de musgo, creándose sucesivamente un amplio paisaje con bosques, praderas, estanques y ríos. Posteriormente se colocan en medio del paisaje palacios y templos de la ciudad de Belén, situados en peldaños de madera. En el centro de la ciudad se instala el pesebre con el Niño Jesús - a diferencia de los demás belenes checos, el pesebre no se halla en una gruta o en un establo sino en una especie de ruinas de un viejo castillo.

Instalado el paisaje es necesario proceder a la colocación de las figuritas. Los primeros belenes de Trest que aparecieron en la localidad a comienzos del siglo 19, constaban de figuritas de papel, y tan sólo pasados más de cincuenta años aparecieron figuritas talladas en madera. Fue el ebanista Matej Suchý quien confeccionó hacia 1860 el primer belén de madera. Pronto halló talentosos continuadores de su arte de tallar- y quizás las más bellas figuritas fueran talladas a finales de la pasada centuria por el pastor Alois Boudný que imprimió a las figuritas una grácil ingenuidad.

En los belenes que se heredaban en las familias de padre a hijo, podemos encontrar figuritas de prácticamente todos los tallistas de Trest que lograron cierta importancia. En ellas se ha conservado un reflejo de la vida de hace cien años- todos esos músicos, artesanos, pastores, cocheros y viticultores llevan probablemente rasgos de los vecinos de Trest de aquel entonces. Las figuras que añaden a los belenes sus actuales propietarios armonizan perfectamente con el resto de la obra, indicando que el viejo arte no se ha visto adulterado en los tiempos modernos.

El belén de Rtyne

A Adolf Kábrt, de Rtyne, al pie de los Montes Gigantes, en el nordeste de Bohemia, le gustaba desde niño tallar en madera ovejitas y pequeñas figuras. Tras estallar la Segunda Guerra Mundial, el señor Kábrt se puso a tallar un belén en el cual representó las típicas casas de madera de la región, así como notables edificios de los alrededores de su domicilio, por ejemplo, de Ratiborice, una localidad relacionada con la infancia de la escritora checa del siglo pasado, Bozena Nemcová.

El artista popular talló 35 casas y cortijos típicos de la región al pie de los Montes Gigantes, Krkonose en checo. En el belén de Adolf Kábrt se halla la antigua escuela de Rtyne, una pequeña iglesia con su típico campanario y un cortijo de finales del siglo 18. El tallista hace una excursión a la historia al instalar en el belén el cortijo del labrador Antonín Nývlt, que en 1775 había encabezado una sublevación por los derechos de los llamados siervos de la gleba. El belén de Adolf Kábrt es un belén minero ya que el artista incluyó al paisaje también minas al aire libre, otrora típicas para Rtyne, al pie de los Montes Gigantes.

El herrero Jan Metelka, de Vysoké nad Jizerou, es autor de un belén con 500 figuritas de las cuales 110 se mueven. Metelka dedicó al belén una considerable parte de su vida ya que comenzó a trabajar en su obra maestra en 1878 y concluyó el belén en 1914. El tallista representó, por ejemplo, el trabajo de un cordelero.

El belén de Príbram

También Bohemia Central tiene su tradición en lo concerniente a la confección de nacimientos. Fue sobre todo en la ciudad minera de Príbram donde floreció este arte popular. El procedimiento utilizado para la confección de juguetes de masa llegó a aplicarse en la confección de los belenes. Las figuritas se obtenían de la siguiente manera: Primero se tallaba en madera un modelo, a partir del cual se confeccionaba una forma de barro que se cocía en un horno de alfarero. Dicha forma se llenaba con masa, amasada de harina de centeno, aserrín y cola disuelta en agua. Las figuritas así obtenidas se dejaban secar y después se pintaban y barnizaban.

La confección de figuritas era considerada como una labor festiva y privilegiada, de manera que corría generalmente a cargo del abuelo o del padre, pero todos los miembros de la familia se incorporaban a las labores cuando se instalaba el belén. Una figurita típica de los belenes de Príbram era el organillero: así se ganaban el pan los mineros impedidos de volver a la mina a consecuencia de un accidente de trabajo.