(Chile)
Para el gobierno cubano y sus defensores la justificación para la innegable
violación sistemática de los derechos humanos del pueblo cubano radica en la
defensa de la soberanía. Esta 'defensa de la soberanía' parte de una
premisa inaceptable: que un estado puede ser soberano cuando su pueblo no lo
es.
El pueblo cubano no es soberano porque no puede ejercer los derechos
fundamentales que le son innatos. El pueblo cubano no es soberano porque no
puede elegir libremente a sus representantes entre diferentes opciones
políticas. El pueblo cubano no es soberano porque no posee instituciones
jurídicas independientes que puedan fiscalizar al poder político. Por tanto,
el estado cubano no encarna la soberanía del pueblo de Cuba. La soberanía de
un grupo gobernante no puede estar por encima de la soberanía del pueblo.
Esta última, y sólo ésta, es la fuente del derecho político. Durante largos
años los chilenos luchamos para recuperar nuestra soberanía de manos de una
dictadura militar. Hoy nos sentimos obligados con aquellos hermanos cubanos
que bajo condiciones muy difíciles luchan de forma no violenta para
recuperar esta misma soberanía.
Durante los tiempos de la dictadura las embajadas europeas y
latinoamericanas en nuestros respectivos países les abrieron las puertas a
los luchadores cívicos y a los perseguidos políticos. El apoyo y el respaldo
recibidos por parte de la comunidad internacional por vía de estas mismas
embajadas fueron clave para la recuperación de nuestra soberanía. Es por eso
que en días recientes seis ex presidentes costarricenses y más de 300
diputados de diferentes países latinoamericanos hemos suscrito la Carta de
apoyo al movimiento cívico cubano.
Esta ya había sido suscrita anteriormente por un destacado grupo de
intelectuales argentinos. En ella se les pide a los gobiernos de la región
una cosa muy sencilla: que sus embajadas se abran al contacto con el
liderazgo opositor cubano tal y como es normal en cualquier país del mundo.
Tal y como ha hecho la misma Unión Europea en La Habana.
Esta carta se ha dado a conocer en San José de Costa Rica, en Santiago de
Chile, en Buenos Aires, en Ciudad Guatemala, en Montevideo y en Santo
Domingo. Es la expresión de un movimiento de conciencia y solidaridad que
aspira a abrir el mundo a Cuba: a esa verdadera Cuba que padece bajo el
rigor de un régimen totalitario.
Como expresa este importante documento: `Es hora de que nuestros gobiernos
instruyan a sus embajadas en Cuba para que se abran a todo el pueblo cubano,
tanto en sus actividades culturales como en sus recepciones oficiales. De
esta manera, cada país de Latinoamérica estará en contacto con las diversas
expresiones de la realidad cubana y contribuirá a fomentar el pluralismo
social y político en ese país, lo cual representará un gran paso de apoyo en
el camino a la democracia en Cuba, estimulando el control social y
fortaleciendo la integración política de la región.
`Los líderes latinoamericanos firmantes expresamos nuestro más vivo interés
en que las cancillerías de los países de Latinoamérica dispongan que sus
embajadas en La Habana, Cuba, hagan partícipes a representantes de la
sociedad civil independiente de aquellas actividades en las que
habitualmente en todo el mundo se hace a autoridades y funcionarios
gubernamentales y representantes de la sociedad'.
No puede la América Latina como región seguir dándoles la espalda a quienes
luchan por la libertad y la democracia dentro de la isla. Es hora de que
nuestras sedes diplomáticas se abran al contacto y la relación con los
demócratas cubanos dentro de la isla. El no hacerlo significa alentar,
aunque sea indirectamente, la perpetuación de la dictadura en la isla, y
esto sería una ofensa para los presos de conciencia que continúan privados
de libertad en las cárceles cubanas.
* Patricio Walker es diputado chileno del Partido por la Democracia Cristiana (Concertación).
Este texto fue enviado por el autor a todos los medios de comunicación checos.
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