Emisión de la Radiodifusión Checa para el Exterior 
14-10-2019, 20:36 UTC
CUMBRE INTERNACIONAL DEL COMITÉ PARA LA DEMOCRACIA EN CUBA
 
Carlos Alberto Montaner
(nació en Cuba, reside en España)

LA CUMBRE DE PRAGA Y LA LIBERTAD DE CUBA

Carlos Alberto Montaner Hace algo más de un año la fundación checa People in Need creó el "Comité Internacional para la Democracia en Cuba". A la cabeza de esa nueva institución, con su característico instinto solidario, se colocó el ex presidente Vaclav Havel, y junto a él no faltaron a otros prestigiosos ex gobernantes como Arpad Goncz, José María Aznar, Mart Laar, Luis Alberto Lacalle, Philip Dimitrov, Patricio Aylwin, Kim Campbell, Luis Alberto Monge y Violeta Chamorro, ex presidentes y ex premiers de sus respectivos países. También se sumaron algunos escritores muy notables, y, entre ellos, el peruano Mario Vargas Llosa, el argentino Marcos Aguinis, el mexicano Enrique Krauze, el polaco Adam Michnik y el francés André Glusksmann.

Ese Comité ya está dando unos frutos impresionantes. Bajo sus auspicios, convocada por D. Petr Pithart, presidente del Senado de la República Checa, y por D. Cyril Svoboda, Ministro de Relaciones Exteriores, entre el 17 y el 19 de septiembre habrá en Praga una verdadera "Cumbre" titulada "Hacia la democracia en Cuba". Se trata de la reunión política internacional más importante que jamás ha tenido lugar para discutir los asuntos cubanos desde que se estableció la dictadura en la Isla hace ya casi medio siglo.

Magnífico. Cuba es la asignatura pendiente de Occidente. A partir de 1989, cuando cayó el Muro de Berlín y los checos lanzaron su "revolución de terciopelo", los gobiernos comunistas de Europa fueron desapareciendo uno tras otro. Incluso los sandinistas nicaragüenses "prácticamente un protectorado de La Habana", fueron liquidados en 1990 en unas memorables elecciones forzadas por el fin del apoyo soviético y las presiones internacionales de las democracias.

Sólo quedó en pie la dictadura cubana. ¿Por qué? La explicación que les gusta dar a Fidel Castro y a sus simpatizantes es que la cubana había sido una revolución entronizada sin la ayuda de Moscú, en la que se mezclaban el nacionalismo y el marxismo leninismo, trenzados en torno a un carismático "Máximo Líder", proceso político que todavía conservaba un gran fervor popular.

Pero la verdad es muy diferente y mucho menos benigna: la razón que explica la duración del comunismo cubano hay que buscarla en la inescrupulosa y brutal eficiencia del aparato represivo, tal y como sucede en Corea del Norte. En en el verano de 1989, pocos meses antes de la caída del Muro de Berlín, pretextando unos oscuros vínculos con el tráfico de drogas, Castro se ocupó de fusilar a su mejor general, Arnaldo Ochoa, y a su más próximo agente de inteligencia, el coronel Antonio de la Guardia, porque los sabía partidarios de la perestroika, desencantados con el sistema y fatigados con su viejo y fallido liderazgo que entonces ya había cumplido tres décadas.

Fueron unos fusilamientos "ejemplares". Un escarmiento dentro de las filas del gobierno para hacerle saber a toda la nomenklatura civil y militar que cualquier desviación de la ortodoxia, o cualquier manifestación de inconformidad y desobediencia serían pagadas con la vida. Simultáneamente, arreció la persecución a los demócratas de la oposición y el Comandante, en el tono más feroz que le permite su amplio registro histriónico, varias veces manifestó públicamente los fundamentos de su estrategia política tras la desaparición del bloque del Este en Europa: "primero se hundirá la Isla en el mar antes de que abandonemos el marxismo-leninismo". Cuba seguiría siendo comunista hasta el fin de los tiempos, aunque todos los cubanos tuvieran que morir en el sostenimiento de una causa tan absurda.

Naturalmente, todo el mundo sabe que eso es imposible. Cuba no puede seguir siendo indefinidamente una anacrónica excepción comunista situada en el corazón de Occidente. Lo probable, pues, es que la situación comience a cambiar cuando el dictador Fidel Castro - un anciano enfermo de 78 años - desaparezca de la escena como consecuencia de la muerte o del creciente deterioro de sus ya mermadas facultades mentales.

Esta afirmación va más allá de una simple conjetura: son muy perceptibles los síntomas de que dentro de las propias filas del gobierno existe una extensa corriente reformista, hoy sumisa, aterrorizada y callada, a la espera de poder manifestarse tras la desaparición del dictador omnipotente, como sucedió en China tras la muerte de Mao o, incluso, como ocurrió en España tras el entierro de Franco. Eventualmente, esa vertiente reformista y los más responsables disidentes de la oposición, dentro y fuera de Cuba, forjarán una suerte de acuerdo nacional para propiciar por vías pacíficas y sin represalias la transición hacia una democracia en la que se respeten las libertades fundamentales. Una democracia, además, capaz de desarrollar un modelo económico que ponga fin a la miseria, el racionamiento y la total falta de esperanzas provocados por el estalinismo castrista.

Por eso es fundamental el apoyo internacional a los demócratas cubanos. El mensaje que esta Cumbre de Praga transmitirá hacia la Isla tendrá un peso incalculable en el curso de la historia futura de Cuba: "Ustedes no están solos en su lucha. El mundo libre no acepta la perversa idea de que el comunismo impuesto a los cubanos es una permanente forma de opresión. No admitiremos una transmisión de la autoridad sin cambios. Sólo aceptaremos como válido y legítimo un gobierno cubano que realmente exprese la voluntad soberana del pueblo mediante unas elecciones plurales y libres realizadas en medio de un clima de libertades y respeto por los derechos humanos".

Cuando la libertad, finalmente, llegue a Cuba, nadie tendrá duda: el impulso final vino de Praga.



Este texto fue enviado por el autor a todos los medios de comunicación checos.

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