(España)
Hace sólo unos días estuve en Berlín. Me reuní con amigos de varios países
en un lugar donde, hasta 1989, se pisoteaban los más elementales derechos.
Hace quince años, el Muro de la Vergüenza que separaba a los berlineses fue
derribado por una revolución de la libertad. Una revolución de ideas tras la
cual cayeron la gran mayoría de las tiranías comunistas del planeta.
Con aquella revolución se demostró quiénes tenían razón y quiénes no la
tenían.
Se demostró que los regímenes democráticos liberales, aquellos que tienen
como base fundamental la libertad de los ciudadanos, son moralmente
superiores a cualesquiera otros. Pero también que son mucho más justos,
avanzan mucho más eficazmente hacia el bienestar de toda la población y
logran sin duda una mayor movilidad social.
Lamentablemente no cayeron todas aquellas tiranías. Algunas siguen todavía
oprimiendo a millones de personas. Y lo siguen haciendo con el beneplácito y
hasta el aplauso de personas que viven en sociedades democráticas y abiertas
y que serían incapaces de tolerar una dictadura en sus propios países.
Yo les pido a todos ellos que sean consecuentes. Que defiendan para Cuba lo
mismo que defienden para Europa. Que denuncien cualquier violación de los
derechos fundamentales con el mismo énfasis, ocurra donde ocurra.
La libertad de conciencia es un valor universal. No puede estar confinado
sólo a unos países, sino que debemos defenderla en todo el mundo. Aquí no
valen las llamadas al respeto a ninguna tradición cultural. Ninguna puede
justificar la ejecución o el encarcelamiento de quienes se limitan a
expresar sus ideas o a criticar a su gobierno.
Sin duda es más fácil criticar a gobiernos democráticos. Conlleva menos
riesgos. Denunciar a los totalitarios puede costar muy caro. Pero aun así
hay quien prefiere jugarse su libertad e incluso su vida por hacerlo.
Por eso hemos presentado en Madrid el manifiesto por la libertad de los
presos de conciencia en Cuba. Y hoy lo presentamos aquí, en Praga, junto con
Vaclav Havel, otra de las personas que arriesgaron su vida en defensa de la
libertad.
Animamos a cualquier persona que se sienta indignada por la prisión por
motivos de conciencia que se adhiera a este manifiesto.
Pido hoy aquí a todas aquellas personas que se han manifestado contra
cualquier gobierno democrático del mundo que lo hagan también contra las
violaciones de los derechos humanos en Cuba.
Pido a todos quienes alzan su voz, ejerciendo su libertad de expresión,
contra cualquier violación de los derechos humanos, que lo hagan también
contra la situación de los presos de conciencia en Cuba.
Pido a quienes se preocupan por situaciones de injusticia u opresión en
cualquier país del mundo que no olviden que en Cuba hay personas como Raúl
Rivero. Personas que están en la cárcel sólo por pedir democracia.
Hoy estamos en Praga porque a personas como Raúl Rivero y tantos otros se
les niega la sola posibilidad de estar también entre nosotros. Se les niega
ésta y otras muchas libertades individuales.
Nosotros no vamos a permanecer callados mientras en un país tan cercano a
nosotros como es Cuba se violen impunemente los derechos humanos.
Y vamos a seguir pidiendo la libertad de los presos sin descanso. Nos
seguiremos sintiendo personalmente agredidos mientras cosas como éstas que
hoy denunciamos sigan ocurriendo.
Este texto fue enviado por el autor a todos los medios de comunicación checos.
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